TOREROS

DATOS DE
Andrés Vázquez

Sobre los victorinos...
Aún sueño con Baratero
Datos del Escalafón
Festejos 10
Reses 22
Toros 22
Novillos 0
Vueltas Ruedo 0
Orejas 8
Rabos 0
Puertas Grande 3
Nacimiento
sin datos
Residencia
sin datos
Debut
sin datos
Alternativa
sin datos
Padrino
sin datos
Testigo
sin datos
Confirmación
sin datos
Testigo 1
sin datos
Testigo 2
sin datos

Andrés Vázquez pasa de largo por los linderos de la senectud. Franqueada la barrera de los sesenta, lleva la gabardina al brazo, toreramente, en el paseíllo del asfalto. Al maestro aún le preocupa la compostura, juega el mentón, fuelle de los miedos, relleno el pecho de ilusiones y recuerdos y busca el corneado músculo de las piernas para pisar firme, para que se note hasta en la cola del autobús que ahí camina un torero, en torero.

Tres sucesos marcaron la trayectoria en los ruedos de Andrés Vázquez: un arduo aprendizaje por las capeas de los pueblos, las sucesivas mutaciones de su tauromaquia, -que abarca el seco toreo castellano, cierto belmontismo tardío y concluye en la emulación de la naturalidad de Antonio Bienvenida -, y el encuentro con el ganadero Victorino Martín.

“Esta divisa ha sido clave en mi carrera”, asegura el espada, nacido en Villalpando (Zamora) el 25 de Julio de 1936, “Y con la distancia y la frialdad que proporciona el paso de los años, me atrevo a decir que yo también he sido fundamental en la ascensión a la fama del ganadero”.

Vázquez tomó la alternativa el 19 de Mayo de 1962 en Las Ventas, y tras haber saboreado las mieles del triunfo en algunas de las principales plazas de nuestra geografía, su carrera comenzó a declinar lentamente hasta que el 10 de agosto de 1969, el destino le coloca frente a los victorinos en el coso de la calle de Alcalá. Cortó un total de tres orejas, dos de ellas a Baratero, premiado con la vuelta al ruedo. “Aún sueño con ese toro y me figuro que también lo hará su dueño porque ese fue su auténtico despegue. Luego”, manifiesta el veterano coletudo, “hice la machada de encerrarme en solitario con seis ejemplares del mismo hierro y corté otros dos apéndices a Violeto. A partir de ese instante Victorino y yo formamos un dúo casi perfecto. Maté sus toros muchas temporadas. Me dieron satisfacciones, fama, dinero y una sola cornada”.

 

David Plaza
 

 

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