TOREROS

DATOS DE
Víctor Mendes

Sobre los victorinos...
Mi toreo evolucionó al compás de los victorinos
Datos del Escalafón
Festejos 40
Reses 79
Toros 79
Novillos 0
Vueltas Ruedo 15
Orejas 39
Rabos 0
Puertas Grande 9
Nacimiento
sin datos
Residencia
sin datos
Debut
sin datos
Alternativa
sin datos
Padrino
sin datos
Testigo
sin datos
Confirmación
sin datos
Testigo 1
sin datos
Testigo 2
sin datos

En el patio de cuadrillas fue un símbolo de lealtad con los demás, y consigo mismo, puesto que nunca se dejó dominar por las presunciones de la imaginación. Mientras casi todos los demás toreros distraían sus miedos, Víctor Mendes parecía contemplarlos uno a uno, como cosas muy suyas, casi valorándolas en su terrible rango de emociones dolorosas que le bajan los humos a la soberbia.


“Aunque queramos negarlo, sólo pensar que estás anunciado con una de Victorino te aumenta el temor y la responsabilidad”, asegura el maestro de Vila Franca de Xira, que consiguió su primer gran éxito con las reses que pastan en Monteviejo, el 16 de septiembre de 1984, en Las Ventas. “A lo largo de mi carrera estoqueé 1.138 corridas de toros, pero las de Victorino siempre eran distintas porque tienen un estilo propio y muy definido. Al contrario de lo que pueda suceder con otras ganaderías, a ésta tienes que basarle la faena en veinte o veinticinco pases, pero muy intensos y muy de verdad”.
Y así, muy de verdad, se percibió esa evolución en el empaque de sus faenas. La gallardía se adueñó de unas telas que anteriormente fueron manejadas por las inspiraciones pícaras de un apasionamiento alocado y desmedido. Se movían los percales de la verónica con el ritmo profundo de las sentencias y se entregaban las franelas al pase natural con la armonía sensata de quien sabía bien lo que se jugaba.

En Nimes, el 5 de junio de 1992. Cortó una oreja a cada uno de sus toros.
”Es evidente que mi toreo ha evolucionado casi al compás de la ganadería de Victorino. No cabe duda de que la raza y el temperamento de esos toros se acoplaban muy bien con mi forma de concebir el toreo. Era una lucha de dominio total y absoluto del contrincante. Era un tú a tú sin mentiras y cuando se lograba ese acoplamiento entre toro y torero era algo extraordinario. Un sesenta y cinco por ciento de mi triunfo artístico y emocional se lo debo a Victorino. Un hombre que para mí es un solitario, con una opiniones muy definidas. Su éxito radica en la coherencia: hace justo lo que piensa. Es un trabajador nato al que sólo le falta dormir con sus toros, habla con ellos, les da de comer, los acompaña hasta la plaza. Está siempre al pie del cañón, sintiendo, oliendo y viviendo su toro. Es un hombre subyugante, que rompe y arrolla donde quiera que va”.

Marisa Arcas
 

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