TOREROS

DATOS DE
Miguel Márquez

Sobre los victorinos...
Un victorino es casta y bravura
Datos del Escalafón
Festejos 16
Reses 31
Toros 31
Novillos 0
Vueltas Ruedo 8
Orejas 13
Rabos 0
Puertas Grande 2
Nacimiento
sin datos
Residencia
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Debut
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Alternativa
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Padrino
sin datos
Testigo
sin datos
Confirmación
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Testigo 1
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Testigo 2
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Y aparecía Miguel Márquez...con su valor seco, nerviosos, rápido y violento, su valor descuartizado de brazos en cruz, su valor de mayo tiritando sobre Madrid en rebelión...Delante del victorino, delante del toro bravo. Le impusimos el heroísmo. No lo buscó. Lo aceptó y terminó queriéndolo.

“Yo me siento muy orgulloso de haber toreado los victorinos. Gracias a ellos obtuve admiración, respeto y el reconocimiento de ser un buen lidiador”, declara Miguel Márquez, que vino al mundo en Fuengirola el 5 de marzo de 1946.

Sin desorbitar las actitudes, obediente a las normas escuetas de la compostura, elevaba los rasgos de su riesgo sin atentar contra las preceptivas más serias. El León de Fuengirola, como le llamaban, no gesticulaba con el desorden grotesco de los bravucones. Su estilo de asustar no perdía el equilibrio de la elegancia.

Vibraban los trazos de su faena ante el de Victorino, pero sin desquiciarla. No se desencajaba el modo, aunque hervían las más trágicas esencias. Se expresaba con sereno garbo el ímpetu más extremo de la valentía.

“Es que hay que tener una gran dosis de redaños para enfrentarse a un toro así. Un rasgo definitorio de esta ganadería es la bravura. Victorino no se ha dejado influenciar porque tiene muy claro lo que tiene y lo que quiere”, dice Miguel Márquez, que añade:
“es muy sencillo estar delante de un toro bobalicón, pero es muy difícil lidiar bien a un victorino. Para empezar hay que ser generoso y lucirlo en varas y luego en la muleta hay que someterlo y templarlo. Junto a los redaños hay que echarle mucha cabeza. De todas formas, gracias al proceso evolutivo que el ganadero está llevando a cabo, las camadas han perdido un puntito de fiereza, pero la casta y la bravura son las de siempre y eso el torero que esté capacitado para ponerse delante sabe agradecerlo. Cuando he cuajado uno de estos toros, me he sentido inmensamente feliz. Y ahora, cuando recuerdo tantas y tantas tardes, no me viene a la mente el miedo, ni la tensión ni la responsabilidad. Sólo me veo al lado del ganadero de Galapagar cruzando a hombros el umbral de la puerta grande de Madrid”.

Miguel Márquez murió viendo torear, en un tentadero, el 27 de marzo de 2007 en una finca ganadera de Los Barrios, Cádiz.

Marisa Arcas

 

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