TOREROS

DATOS DE
Juan José Padilla

Sobre los victorinos...
Se lo debo todo a los victorinos
Datos del Escalafón
Festejos 61
Reses 112
Toros 112
Novillos 0
Vueltas Ruedo 9
Orejas 59
Rabos 1
Puertas Grande 18
Nacimiento
sin datos
Residencia
sin datos
Debut
sin datos
Alternativa
sin datos
Padrino
sin datos
Testigo
sin datos
Confirmación
sin datos
Testigo 1
sin datos
Testigo 2
sin datos

Jerez es una ciudad andaluza clave. Algo así como la síntesis, el minucioso paradigma de una manera de ser, de un estilo de vida que engloba y aun enaltece el de otros muchos sectores geográficos e históricos meridionales. Jerez, dentro de esa expresa demarcación de Andalucía la Baja, ostenta una serie de atributos sociales y culturales de tan especial relevancia, que le confieren a todas luces una innegable singularidad.

Juan José Padilla, jerezano él, entiende que en su tierra todo se parece mucho a un ejemplo incomparable: sus vinos, sus caballos, su cante flamenco, su arquitectura civil o religiosa, sus ferias, sus marqueses, sus toros, sus procesiones o sus gitanos. “Nacer en Jerez de la Frontera es una bendición del cielo, algo que te da un carácter único a la hora de encarar la vida”, asegura el diestro que descarga su presencia en la torería como una de esas tormentas que hacen estallar las presas y acaparan todo un mapa con la brazada alevosa de la inundación.

Juan José Padilla
“Mi carrera es preciosa porque ha estado llena de obstáculos y es muy bonito superarlos día a día. Yo tengo una deuda con Victorino porque soy consciente de que el lugar que hoy ocupo se lo debo a sus toros. Creo que mi despegue comenzó en Mont de Marsan, por vía de sustitución, aunque yo ya venía lanzado de Pamplona. Allí, en Francia, me encontré con dos victorinos que serían importantísimos en mi vida. No sólo por el triunfo material de cortar las orejas, sino por la moral que me dieron. Al año siguiente el ganadero y yo volvimos a cosechar otro éxito en la misma plaza, aunque desde ese primer encuentro yo ya soy fiel a esta divisa”.


No triunfa Padilla con los pasos contados, sino como se presentan todas las fierezas: de un salto, a impulsos de resortes instintivos, sin miramientos ni elegancias, con la bronca efectividad de los grandes apetitos. “Y me siento orgulloso de ello. A mí no me preocupa que me encasillen en corridas duras como las de Victorino. El que me incluyan ahí da lustre y categoría a mi carrera. Cada día estoy más satisfecho porque poco a poco voy consiguiendo los objetivos que me he marcado y para ser un gran torero hay que pasar por el aprendizaje de los victorinos. La temporada del 99 maté casi toda su camada y en la del 2000 voy por el mismo camino..., y eso no requiere una valentía especial, sólo ganas de ser gente en esto del toro”.

Pero eso sí, con unas patillas de bandolero que no son banderola de protesta existencialista sino rotunda negativa para la calma repajolera de las barberías. “Sí, pero un victorino estuvo a punto de afeitarlas en San Sebastián el 31 de marzo de 2000. Me salvé de milagro. Sin embargo, lo bonito y la grandeza de esto es que toreaba con el maestro Ruiz Miguel y muchos años antes en Algeciras, en el restaurante “El Cepo”, el maestro me invitó a comer con el maestro Rafael Ortega y me presentó a Victorino Martín, y de compartir mesa con ellos siendo un chavea comparto cartel con el diestro de La Isla y mato los toros de Victorino. Por eso, cuando me veo acartelado en una de Victorino siempre miro hacia atrás y recuerdo con mucho cariño y nostalgia el día en que conocí a este ganadero”.

Marisa Arcas

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