TOREROS

DATOS DE
Dámaso Gómez

Sobre los victorinos...
Todos los toreros vacilan ante los victorinos
Datos del Escalafón
Festejos 7
Reses 14
Toros 14
Novillos 0
Vueltas Ruedo 3
Orejas 3
Rabos 0
Puertas Grande 1
Nacimiento
sin datos
Residencia
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Debut
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Alternativa
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Padrino
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Testigo
sin datos
Confirmación
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Testigo 1
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Testigo 2
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La locuacidad singular de Dámaso Gómez (Madrid 1930) nos lleva a una meditación sobre el torero, arrastrado por la palabra. “Aunque también me dejo llevar por la curiosidad, que me empuja a saber lo que una mujer esconde bajo la minifalda”.

El maestro, apodado el “León de Chamberí” en la década de los setenta, no cree “en la faena perfecta, en el miedo inmisericorde, ni en las musas” sino en sí mismo y en la magia de su verbo, dictado “por las piedras, por el viento”, según verso del poeta José Hierro.
“Aunque también podríamos añadir la amistad, ahí me entrego. Por ejemplo, yo me jacto de ser un gran amigo de Victorino. Tanto es así que he tentado en su ganadería más de veinte años consecutivos. Conozco a sus toros como a la palma de mi mano. Por eso me hace gracia cuando algún entendido habla del secreto de los victorinos. Para empezar, los toros de Victorino Martín no se confiesan y tienen la misma mala leche que su amo. Y a partir de ahí, es un gran placer torear al que sale bueno y una tortura al que no sale tan bueno”

Fue en la temporada de 1971, cuando Dámaso Gómez cortó, por primera y única vez, dos orejas a un ejemplar del hierro de Albaserrada en la Monumental de las Ventas, “y pudieron haber sido más, pero en el otro me faltó fuelle. Ya no tenía capacidad torácica. Ese toro, que hacía quinto, fue sensacional. Sin embargo, yo ya no podía dar más de mí, y me parece muy honrado reconocerlo. Sobre todo ahora que se culpa por casi todo al toro, el único que no tiene voz para defenderse”.


“Hay que reconocer que actualmente, pocos son los famosos que, pudiendo rechazarlos porque tengan carteles de sobra, se complican la vida con los victorinos. Ya pueden ser todo lo valientes que quieran, que delante de estos toros todos vacilan. Hasta los que los torean con relativa frecuencia se ponen fatales de los nervios cuando intentan engañarse ellos mismos diciendo: ”Pero si son toros como los demás...con dos cuernos...eso es...Digo”. El peligro de un victorino es tan latente como la infidelidad en las mujeres. Créame”.
Aseguran las crónicas que Dámaso Gómez forjó su toreo en la lidia de toros imposibles y en su impasibilidad ante sus peores tarascadas, y quizá, también tenga un pasado “bogascoso” como decía la actriz mexicana María Félix, respecto de sí misma o de sus personajes.

Marisa Arcas

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